lunes, 15 de enero de 2018

EL AMOR A DIOS Y EL AMOR DE DIOS. DIARIO DE SANTA FAUSTINA 14

DIARIO DE SANTA FAUSTINA 14
EL AMOR A DIOS Y EL AMOR DE DIOS

            Dios me dio a conocer en qué consiste el verdadero amor y me concedió la luz para entender cómo demostrárselo en la práctica.  El verdadero amor a Dios consiste en cumplir la voluntad de Dios.  Para demostrar a Dios el amor en la práctica, es necesario que todas nuestras acciones, aun las más pequeñas, deriven del amor hacia Dios.  Y me dijo el Señor: Niña Mía, más que nada Me agradas a través del sufrimiento.  En tus sufrimientos físicos, y también morales, hija Mía, no busques compasión de las criaturas.  Deseo que la fragancia de tus sufrimientos sea pura, sin ninguna mezcla.  Exijo que te distancies no solamente de las criaturas, sino también de ti misma.  Hija Mía, quiero deleitarme con el amor de tu corazón: amor puro, virginal, intacto, sin ninguna sombra. Cuanto más ames el sufrimiento, tanto más puro será tu amor hacia Mí.
Mi Corazón ha sido conmovido por una gran compasión hacia ti, hija Mía queridísima, cuando te he visto hecha pedazos por el gran dolor que sufrías mientras deplorabas tus pecados.  Yo veo tu amor tan puro y sincero que te doy la prioridad entre las vírgenes, tú eres el honor y la gloria de Mi Pasión.  Veo cada humillación de tu alma y nada se escapa a Mi atención; elevo a los humildes hasta Mi trono, porque así es Mi voluntad.
Compórtate como un mendigo que cuando recibe una limosna grande no la rehúsa, sino que más bien la agradece con más cordialidad; así tú también, si te concedo unas gracias más grandes, no las rehúses diciendo que eres indigna.  Yo lo sé; pero tú más bien alégrate y goza, y toma tantos tesoros de Mi Corazón cuantos puedas llevar, ya que haciéndolo así Me agradas más.  Te diré algo más: no tomes estas gracias solamente para ti, sino también para el prójimo, es decir invita a las almas con las cuales estás en contacto a confiar en Mi misericordia infinita. Cuánto amo a las almas que se Me han confiado totalmente, haré todo por ellas.
          Una vez vine a mi celda y estaba tan cansada que antes de comenzar a desvestirme tuve que descansar un momento, y cuando estaba desvestida, una de las hermanas me pidió que le trajera un vaso de agua caliente.  A pesar del cansancio, me vestí rápidamente y le traje el agua que deseaba, aunque de la cocina a la celda había un buen trecho de camino y el barro llegaba a los tobillos.  Al entrar en mi celda vi un copón con el Santísimo Sacramento y oí esta voz: Toma este copón y llévalo al tabernáculo.   En un primer momento vacilé, pero me acerqué y cuando toqué el copón, oí estas palabras: Con el mismo amor con que te acercas a Mí, acércate a cada una de las hermanas y todo lo que haces por ellas Me lo haces a Mí. 
            Siento muy bien que mi misión no terminará con mi muerte, sino que empezará.  Oh almas que dudan, les descorreré las cortinas del cielo para convencerlas de la bondad de Dios, para que ya no hirieran más el Dulcísimo Corazón de Jesús con desconfianza.  Dios es Amor y Misericordia.
Oh Dios único en la Santísima Trinidad, deseo amarte como hasta ahora ningún alma humana Te ha amado; y aunque soy particularmente mísera y pequeña, no obstante arrojo muy profundamente el ancla de mi confianza en el abismo de Tu misericordia, oh Dios y Creador mío.  A pesar de mi gran miseria no tengo miedo de nada, sino que espero cantar eternamente el himno de la gloria.  Que no dude alma ninguna mientras viva, aunque sea la más miserable, cada una puede ser una gran santa, porque es grande el poder de la gracia de Dios.  De nosotros depende solamente no oponernos a la actuación de Dios.
No hago ningún razonamiento en la vida interior, no analizo ninguno de los caminos por los que me lleva el Espíritu Divino; me basta con saber que soy amada y que yo amo.  El amor puro me permite conocer a Dios y comprender muchos misterios.

Oh Jesús, ojalá pudiera transformarme en una neblina delante de Ti para cubrir la tierra, con el fin de que Tu santa mirada no viera los terribles crímenes. Cuando miro el mundo y su indiferencia hacia Ti, siempre me vienen lágrimas a los ojos, pero cuando miro un alma consagrada que es tibia, entonces mi corazón sangra.
          Una vez, cuando hacía la adoración por nuestra patria, un dolor estrechó mi alma y empecé a orar del modo siguiente:  Jesús Misericordiosísimo, Te pido por la intercesión de Tus Santos y, especialmente, por la intercesión de Tu Amadísima Madre que Te crió desde la niñez, que bendigas a mi patria.  Jesús, no mires nuestros pecados, sino las lágrimas de los niños pequeños, el hambre y el frío que sufren.  Jesús, en nombre de estos inocentes, concédeme la gracia que Te pido para mi patria.  En aquel instante vi al Señor Jesús con los ojos llenos de lágrimas y me dijo: Ves, hija Mía, cuánta compasión les tengo!; debes saber que son ellos los que sostienen el mundo.
En cierta ocasión conocí a una persona que pensaba cometer un pecado grave.  Pedí al Señor que me enviara los peores tormentos, para que aquella alma fuera preservada. De repente sentí en la cabeza el atroz dolor de la corona de espinas.  Eso no duró bastante tiempo, pero sirvió para que aquella persona permaneciera en la gracia de Dios.  Oh Jesús, que fácil es santificarse; es necesario solamente un poco de buena voluntad.  Si Jesús descubre en el alma ese poquito de buena voluntad, entonces se apresura a entregarse al alma y nada puede detenerlo, ni los errores, ni las caídas, nada en absoluto.  Jesús tiene prisa por ayudar a esa alma, y si el alma es fiel a esta gracia de Dios, entonces en muy poco tiempo puede llegar a la máxima santidad a la que una criatura puede llegar aquí en la tierra.  Dios es muy generoso y no rehúsa a nadie su gracia, da más de lo que nosotros le pedimos.  La fidelidad en el cumplimiento de las inspiraciones del Espíritu Santo es el camino más corto.

domingo, 31 de diciembre de 2017

JESÚS Y FAUSTINA UNIDOS EN LA PASIÓN. Diario de Santa Faustina 13



DIARIO DE SANTA FAUSTINA 13
JESÚS Y FAUSTINA UNIDOS EN LA PASIÓN

En los últimos días de carnaval, mientras celebraba la Hora Santa, vi al Señor Jesús sufriendo la flagelación.  ¡Oh, que suplicio inimaginable!  ¡Cuán terriblemente sufrió Jesús durante la flagelación!  Oh pobres pecadores, ¿cómo se encontrarán el día del juicio, con este Jesús a quien ahora están torturando tanto?  Su Sangre fluyó sobre el suelo y en algunos puntos la carne empezó a separarse.  Y vi en la espalda algunos de sus huesos descarnados… Jesús emitía un gemido silencioso y un suspiro.

Después de la Santa Comunión oí la voz:  Hija Mía, mira hacia el abismo de Mi misericordia y rinde honor y gloria a esta misericordia Mía, y hazlo de este modo: Reúne a todos los pecadores del mundo entero y sumérgelos en el abismo de Mi misericordia.  Deseo darme a las almas, deseo las almas, hija Mía.  El día de Mi Fiesta, la Fiesta de la Misericordia – recorrerás el mundo entero y traerás a las almas desfallecidas a la fuente de Mi misericordia.  Yo las sanaré y las fortificaré.

Oh Jesús mío, ahora procuraré el honor y la gloria de Tu Nombre,  luchando hasta el día en que Tu Mismo me digas: Basta.  A cada alma que me has confiado, oh Jesús, procuraré ayudarla con la oración y el sacrificio, para que Tu gracia pueda obrar en ella.  Oh gran Amante de las almas, oh Jesús mío, Te agradezco por esta gran confianza, ya que Te has dignado confiar estas almas a nuestro cuidado.  Oh días grises de trabajo, para mí no son tan grises en absoluto, porque cada momento me trae nuevas gracias y la oportunidad de hacer el bien.

Jesús me dijo que yo le agradaría más meditando Su dolorosa Pasión, y a través de esta meditación mucha luz fluye sobre mi alma.  Quien quiera aprender la verdadera humildad, medite la Pasión de Jesús.  Cuando medito la Pasión de Jesús, se me aclaran muchas cosas que antes no llegaba a comprender.  Yo quiero parecerme a Ti, oh Jesús, a Ti crucificado, maltratado, humillado.  Oh Jesús, imprime en mi alma y en mi corazón Tu humildad.  Te amo, Jesús, con locura.  Te [amo] anonadado.  Dios Eterno e Inmenso, ¿qué ha hecho de Ti el amor...?

Empecé la Hora Santa con gran dificultad.  Algún anhelo comenzó a desgarrar mi corazón.  Mi mente quedó ofuscada de manera que no lograba entender las formas simples de las plegarias.  Y así pasó una hora de oración o más bien de lucha.  Decidí orar otra hora, pero los sufrimientos interiores aumentaron.  Una gran aridez y un gran disgusto.  Decidí orar durante la tercera hora.  En esa tercera hora de plegaria que decidí hacer arrodillada sin ningún apoyo, mi cuerpo empezó a reclamar un descanso.  Sin embargo yo no cedí nada.  Extendí las manos en forma de cruz y sin pronunciar una palabra, seguí así con un acto de voluntad.  Un momento después me quité el anillo del dedo y pedí a Jesús que mirara ese anillo que es el símbolo de nuestra unión eterna y ofrecí al Señor Jesús los sentimientos del día de los votos perpetuos.  Un momento después sentí  que una ola de amor empezaba a inundar mi corazón.  Un repentino recogimiento del espíritu, el silencio de los sentidos, la presencia de Dios penetró mi alma.  Sé únicamente que estamos Jesús y yo.  Lo vi, bajo la misma apariencia que tenía cuando lo vi en el primer momento después de los votos perpetuos, cuando también hacía la Hora Santa.  Jesús se presentó delante de mí inesperadamente, despojado de las vestiduras, cubierto de llagas en todo el cuerpo, con los ojos llenos de sangre y de lágrimas, la cara desfigurada, cubierta de salivazos.  De repente el Señor me dijo: La esposa debe asemejarse a su Esposo.  Entendí estas palabras en profundidad.  Aquí no hay lugar para ninguna duda.  Mi semejanza a Jesús debe realizarse a través del sufrimiento y la humildad.  Mira lo que ha hecho Conmigo el amor por las almas humanas, hija Mía; en tu corazón encuentro todo lo que Me niega el número tan grande de almas.  Tu corazón es un descanso para Mí.
Sin humildad no podemos agradar a Dios.  Ejercítate en el tercer grado de la humildad, es decir no solamente no recurras a explicaciones y justificaciones cuando te reprochen algo, sino que alégrate de la humillación.
Prepara tu alma a grandes sufrimientos.  Encontrarás desaprobaciones y persecuciones.  Te van a mirar como a una histérica, una extravagante, pero Dios no escatimará Su gracia.  Las verdaderas obras de Dios siempre enfrentan dificultades y se caracterizan por el sufrimiento.  Si Dios quiere realizar algo, tarde o temprano, lo realizará, lo realizará a pesar de las dificultades y tú, mientras tanto, ármate de gran paciencia.

Desde el momento en que empecé a amar el sufrimiento, este mismo dejó de ser sufrimiento para mí.  El sufrimiento es el alimento continuo de mi alma.

A los pies del Señor, Oh Jesús escondido, Amor eterno, Vida nuestra, Divino Insensato que Te has olvidado de Ti Mismo y nos ves solamente a nosotros.  Aún antes de crear el cielo y la tierra, nos llevabas en Tu Corazón.  Oh Amor, oh abismo de Tu humillación, oh misterio de felicidad, ¿por qué es tan pequeño el número de los que Te conocen?  ¿Por qué no encuentras reciprocidad?  Oh Amor Divino, ¿por qué ocultas Tu belleza?  Oh Inconcebible e Infinito, cuanto más Te conozco Te comprendo menos; pero como no alcanzo a comprenderte, comprendo más Tu grandeza.  No envidio el fuego a los serafines, porque en mi corazón tengo depositado un don mayor.  Ellos Te admiran en éxtasis, pero Tu Sangre se une a la mía.  El amor, es el cielo que nos está dado ya aquí en la tierra.  Oh, ¿por qué Te escondes detrás de la fe?  El amor rasga el velo.  No hay velo delante de los ojos de mi alma, porque Tú Mismo me has atraído desde la eternidad al seno de un amor misterioso.  Oh indivisible Trinidad, único Dios, a Ti honor y gloria por todos los siglos.

viernes, 22 de diciembre de 2017

LA MISERICORDIA. Diario de Santa Faustina 12

DIARIO DE SANTA FAUSTINA 12
LA MISERICORDIA
                   Muchas veces nos preguntamos cómo vivir en la práctica, en nuestra vida diaria la misericordia. Creo que estas jaculatorias de Santa Faustina nos pueden ayudar:

Cuantas veces respira mi pecho, cuantas veces late mi corazón, cuantas veces pulsa la sangre en mi cuerpo, esa cantidad por mil, es el número de veces que deseo glorificar Tu misericordia, oh Santísima Trinidad.

Deseo transformarme toda en Tu misericordia y ser un vivo reflejo de Ti, oh Señor.  Que este más grande atributo de Dios, es decir Su insondable misericordia, pase a través de mi corazón al prójimo.

Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarle.

Ayúdame a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.

Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mis prójimos, sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos.

Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargue sobre mí las tareas más difíciles y más penosas.

Ayúdame a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio.  Mi reposo verdadero está en el servicio a mi prójimo.

Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo.  A nadie le rehusaré mi corazón.  Me entregaré incluso a aquellos que sé que abusarán de mi bondad.  Y yo misma me encerraré en el misericordiosísimo Corazón de Jesús.  Soportaré mis propios sufrimientos en silencio.  Que tu misericordia, oh Señor mío, repose dentro de mí.

Tú Mismo me mandas ejercitar los tres grados de la misericordia.  El primero: la obra de misericordia, de cualquier tipo que sea.  El segundo: la palabra de misericordia; si no puedo llevar a cabo una obra de misericordia, ayudaré con mis palabras.  El tercero: la oración.  Si no puedo mostrar misericordia por medio de obras o palabras, siempre puedo mostrarla por medio de la oración.  Mi oración llega hasta donde físicamente no puedo llegar.

Oh Jesús mío, transfórmame en Ti, porque Tú puedes hacerlo todo.


Durante el Adviento se despertó en mi alma un vivo deseo de Dios.  Mi espíritu anhelaba a Dios con toda la fuerza de su ser.  En aquel tiempo el Señor me dio mucha luz para que conociera Sus atributos.

El primer atributo que el Señor me dio a conocer, fue Su Santidad.  Esta Santidad es tan grande que delante de Él tiemblan todas las Potencias y todas las Fuerzas.  Los espíritus puros encubren sus rostros y se sumergen en adoración permanente, y la única expresión de su adoración sin límites es Santo, Santo, Santo… La Santidad de Dios es derramada sobre la Iglesia de Dios y sobre cada alma que vive en ella.

El segundo atributo que el Señor me dio a conocer, fue Su Justicia.  Su Justicia es tan grande y penetrante que llega hasta el fondo de la esencia de las cosas y delante de Él todo se presenta en desnuda verdad, y nada podría continuar subsistiendo.

El tercer atributo fue el Amor y la Misericordia.  Y entendí que éste es el mayor atributo.  El amor une la criatura al Creador.  El amor más grande y el abismo de la misericordia los reconozco en la Encarnación del Verbo. Me impresionó profundamente este misterio, este gran humillarse de Dios, este inconcebible anodadamiento suyo. Nosotros nunca comprenderemos este gran humillarse de Dios.

          El premio a tanta entrega de Santa Faustina es la Misericordia misma, que le dice así:
Hija Mía, habla a los sacerdotes de esta inconcebible misericordia Mía.  Me queman las llamas de la misericordia, las quiero derramar sobre las almas, [y] las almas no quieren creer en Mi bondad.

Deseo que conozcas más profundamente el amor que arde en Mi Corazón por las almas y tu comprenderás esto cuando medites Mi Pasión.  Apela a Mi misericordia para los pecadores, deseo su salvación.  Cuando reces esta oración con corazón contrito y con fe por algún pecador, le concederé la gracia de la conversión.  Esta oración es la siguiente:

Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús como una Fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confío.

sábado, 16 de diciembre de 2017

LA VIDA INTERIOR. DIARIO DE SANTA FAUSTINA 11

DIARIO DE SANTA FAUSTINA 11
LA VIDA INTERIOR
         A través de la oración, el alma se arma para enfrentar cualquier batalla. En cualquier condición en que se encuentre un alma, debe orar. Tiene que rezar el alma pura y bella, porque de lo contrario perdería su belleza; tiene que implorar el alma que tiende a la pureza, porque de lo contrario no la alcanzaría; tiene que suplicar el alma recién convertida, porque de lo contrario caería nuevamente; tiene que orar el alma pecadora (...) para poder levantarse. Y no hay alma que no tenga el deber de orar, porque toda gracia fluye por medio de la oración.
El alma debe saber que para orar y perseverar en la oración, tiene que armarse de paciencia y con  esfuerzo superar las dificultades exteriores e interiores.  Las dificultades interiores: el desaliento, la aridez, la pereza, las tentaciones; las exteriores: la necesidad de respetar los momentos destinados a la oración.  Yo misma experimenté que si no rezaba la oración en el momento establecido, después tampoco la rezaba, porque no me lo permitían los deberes.
Cuando el Señor Mismo quiere estar al lado de un alma y guiarla, aleja todo lo que es exterior.  Cuando me enfermé y fui trasladada a la enfermería, tuve muchos disgustos por este motivo. Éramos dos las internadas en la enfermería.  A mi compañera venían a visitarla otras hermanas, a mi nadie me visitaba.  Las noches de invierno eran largas, la otra Hermana tenía luz, los auriculares de la radio y yo, ni siquiera podía preparar las meditaciones por falta de luz.
Así pasaron casi dos semanas. Una noche me quejaba al Señor de tener muchos tormentos, de no poder ni siquiera preparar las meditaciones por no tener luz y me dijo el Señor que vendría todas las noches y me dictaría los temas para la meditación del día siguiente.  Los temas se referían siempre a Su dolorosa Pasión.  Me decía:  Contempla Mi tormento delante de Pilato.  Y así, punto por punto, durante toda la semana contemplé Su dolorosa Pasión.  Desde aquel momento una gran alegría entró en mi alma y ya no deseaba ni visitas, ni luz.  Me bastaba Jesús.  Las Superioras, cuidaban muchísimo a las enfermas, sin embargo, el Señor había dispuesto las cosas de tal manera que me sentía abandonada. Más de una vez sufría tantas y tan distintas persecuciones y tormentos, que la misma Madre me llegó a decir: En su camino, hermana, los sufrimientos brotan directamente de debajo de la tierra.  Me dijo: Yo la miro, hermana, como si estuviera crucificada, pero he observado que Jesús de algún modo entra en esto.  Sea fiel al Señor, hermana.
               Una vez deseaba mucho acercarme a la Santa Comunión, pero tenía cierta duda y no me acerqué.  Sufrí terriblemente a causa de ello.  Me parecía que el corazón se me reventaría del dolor.  Cuando me dediqué a mis tareas, con el corazón lleno de amargura, de repente Jesús, se puso a mi lado y me dijo:  Hija Mía, no dejes la Santa Comunión, a no ser que sepas bien de haber caído gravemente, fuera de esto no te detengan ningunas dudas en unirte a Mí en Mi misterio de amor.  Tus pequeños defectos desaparecerán en Mi amor como una pajita arrojada a un gran fuego.  Debes saber que Me entristeces mucho cuando no Me recibes en la Santa Comunión.
         El día de la cruzada, que es el quinto día de cada mes, cayó en primer viernes.  Era mi día para estar de guardia delante de Jesús.  En este día mío, mi tarea era compensar al Señor por todos los insultos y faltas de respeto y rogar para que en este día no se cometiera ningún sacrilegio.  En aquel día mi espíritu estaba inflamado de un amor singular hacia la Eucaristía.  Me parecía que estaba transformada en el ardor.  Cuando, para tomar la Santa Comunión, me acerqué al sacerdote que me daba a Jesús, otra Hostia se le pegó a la manga y yo no sabía cuál tomar.  Cuando estaba deliberando así un momento, el sacerdote impaciente, hizo una señal con la mano para que la tomara.  Cuando tomé la Hostia que me entregaba, la otra me cayó en las manos.  El sacerdote fue al final del comulgatorio para distribuir la Santa Comunión y yo tuve al Señor Jesús en las manos durante todo ese tiempo.  Cuando el sacerdote se acercó otra vez, le di la Hostia para que la pusiera en el cáliz, porque en el primer momento, al haber recibido a Jesús, no pude decir que la otra se le había caído. Cuando tuve la Hostia en las manos, sentí tanta fortaleza de su amor que durante el día entero no pude comer nada, ni recobrar el conocimiento.  De la Hostia oí estas palabras: Deseaba descansar en tus manos, no solamente en tu corazón, y de repente en aquel momento vi al Niño Jesús.  Pero al acercarse el sacerdote, otra vez vi la Hostia.
Oh María, Virgen Inmaculada, Puro cristal para mi corazón,
Tú eres mi fuerza, oh ancla poderosa, Tú eres el escudo y la defensa para el corazón débil.
Oh María, Tú eres pura e incomparable, Virgen y Madre a la vez.
Tú eres bella como el sol, sin mancha alguna, Nada se puede comparar con la imagen de Tu alma.
Tu belleza encantó el ojo del tres veces Santo, Y bajó del cielo, abandonando el trono de la sede eterna, Y tomó el cuerpo y la sangre de Tu Corazón durante nueve meses, escondiéndose en el Corazón de la Virgen. Oh Madre, Virgen, nadie comprenderá, Que el inmenso Dios se hace hombre, Sólo por amor y por Su insondable misericordia. A través de Ti, oh Madre, viviremos con Él eternamente. Oh María, Virgen Madre y Puerta Celestial, a través de Ti nos ha llegado la salvación. Todas las gracias brotan para nosotros a través de Tus manos. Y me santificará solamente un fiel seguimiento de Ti. Oh María, Virgen, la Azucena más bella, Tu corazón fue el primer tabernáculo para Jesús en la tierra, Y eso porque Tu humildad fue la más profunda ,Y por eso fuiste elevada por encima de los coros de los ángeles y de los santos. Oh María, dulce Madre mía, Te entrego el alma, el cuerpo y mi pobre corazón, Sé [tú] la custodia de mi vida, Y especialmente en la hora de la muerte, En el último combate.   Amén  

viernes, 1 de diciembre de 2017

EL ALMA EN UNIÓN CON DIOS. Diario de Santa Faustina 10

EL ALMA EN UNIÓN CON DIOS
DIARIO DE SANTA FAUSTINA 10

         La lengua es un órgano pequeño, pero hace cosas grandes. Una (religiosa) persona que no es callada, nunca llegará a la santidad. No se haga ilusiones; a no ser que el Espíritu de Dios hable por ella, que en tal caso no debe callar. Pero para poder oír la voz de Dios, hay que tener serenidad en el alma y observar el silencio, no un silencio triste, sino un silencio en el alma, es decir, el recogimiento en Dios. Se pueden decir muchas cosas sin interrumpir el silencio, y al contrario, se puede hablar poco y romper continuamente el silencio. Qué daños irreparables causa el no guardar el silencio. Se hace mucho daño al prójimo, pero sobre todo a la propia alma.
Dios no se da a un alma parlanchina que como un zángano en la colmena, zumba mucho, pero no produce miel. El alma parlanchina está vacía en su interior. No hay en ella ni virtudes fundamentales, ni intimidad con Dios. Ni hablar de una vida más profunda, ni de una paz dulce, ni del silencio en el que mora Dios. El alma, sin gustar la dulzura del silencio interior, es un espíritu inquieto y perturba el silencio de los demás. Vi a muchas almas en los abismos infernales por no haber observado el silencio. Eran almas consagradas.
El alma que reflexiona, recibe mucha luz. El alma disipada se expone a sí misma a la caída y que no se sorprenda si cae. Para que el Espíritu divino pueda obrar en el alma, se necesita silencio y recogimiento.
Oh Jesús Misericordia, tiemblo al pensar que debo rendir cuenta de la lengua. En la lengua está la vida, pero también la muerte. A veces con la lengua matamos. No entiendo las conciencias que entienden esto como una cosa pequeña.

         Ahora pasa Santa Faustina de este tema a hablar de la vida del alma con Dios.
Cuando el alma ha sido purificada y el Señor está en relación de intimidad con ella, ahora concentra toda su fuerza en tender hacia Dios. Pero ella, por sí misma, no puede hacer nada. Dios lo arregla todo. Ella lo sabe. Vive todavía en el destierro y comprende que puede haber días nublados y lluviosos, pero debe mirar todo con una actitud distinta. No se refugia en una paz engañosa, sino que se dispone a la lucha. Todo lo grande y santo la concierne.
Al salir de los tormentos por los que ha pasado, es profundamente humilde. La pureza de su alma es grande. Sabe lo que le conviene hacer en cada momento y lo que le conviene abandonar. Siente el más delicado toque de la gracia y es muy fiel a Dios. Reconoce a Dios desde lejos y goza de Él incesantemente. En muy poco tiempo reconoce a Dios en las almas de otras personas y en todo su alrededor.
Dios, como Espíritu puro que es, introduce al alma en la vida puramente espiritual, la hace capaz de una estrecha convivencia con Él. Ella está en comunión con el Señor en un descanso de amor. Habla con el Señor sin usar los sentidos. Dios la llena con su luz. Su mente, iluminada, ve claramente y distingue los grados de la vida espiritual. Reconoce que antes se unía a Dios de un modo imperfecto, cuando su espiritualidad estaba unida a los sentidos. Existe una unión con el Señor superior y más perfecta, que es la intelectual. Aquí el alma se ve más protegida de las ilusiones, la espiritualidad es más profunda y más pura. Los sentidos se apagan y están como muertos. El alma está sumergida en la divinidad.
Tiene muchas visiones sensibles y espirituales, oye muchas palabras sobrenaturales; pero a pesar de estas gracias, no se basta a sí misma. Precisamente Dios la visita con estas gracias porque está expuesta a muchos peligros y puede fácilmente caer en la ilusión.
A un alma que está unida a Dios, es necesario prepararla para grandes y encarnizados combates.
Después de  estas purificaciones y pruebas, Dios la trata de modo especial.
         El amor puro es capaz de grades empresas y no lo destruyen ni las dificultades ni las contrariedades. Si el amor es fuerte, es perseverante en la vida cotidiana, gris y monótona. Sabe que para agradar a Dios, una cosa es necesaria, es decir, hacer las cosas más pequeñas con gran amor y siempre amor.
El amor puro no se equivoca, tiene singularmente mucha luz y no hará nada que no agrade a Dios. Es ingenioso en hacer lo que es más agradable a Dios; es feliz cuando puede anonadarse y arder como un sacrificio puro. Cuanto más se entrega, tanto más es feliz. El alma parece que no camina, sino que corre y empieza a volar hacia el ardor mismo del sol y se entrega completamente a la influencia de la gracia. Se ahoga en Él como en su único tesoro. Desaparece el abismo entre el Señor y el alma, el Creador y la criatura. El alma está en casi continuo éxtasis. La presencia de Dios no la abandona ni por un momento. Y el alma permanece en una continua unión amorosa con el Señor, que sin embargo, no le impide cumplir con sus deberes.
Dios la atrae hacia Sí con tanta fuerza y fortaleza, que en algunos momentos no se da cuenta de estar en la tierra.
El alma conoce que el Señor cuenta con ella y este conocimiento le da más fuerza. Confía en Dios y gracias a esta confianza llega allí adonde Dios la llama. Las dificultades no la espantan, son para ella como el pan de cada día. Durante el tiempo de paz, el alma hace esfuerzos, al igual que en tiempo de lucha. Tiene que ejercitarse mucho, porque de lo contrario ni hablar de la victoria.

Qué mísera es el alma que malgasta las gracias que Dios le da, que se escapa de Dios cuando Él la persigue. De Dios se reciben  las gracias cuando menos se las espera. En esta intimidad con Dios, Jesús da a conocer lo que no le agrada del alma y más de una vez  amonesta por cosas que a nosotros nos parecen insignificantes, pero que en realidad tienen gran importancia. Él adiestra como un Maestro, educa Él mismo.

viernes, 24 de noviembre de 2017

LA PRUEBA DE LAS PRUEBAS. Diario de Santa Faustina 9

DIARIO DE SANTA FAUSTINA 9
LA PRUEBA DE LAS PRUEBAS
         El otro día veíamos al alma embargada por el don del conocimiento de Dios, embelesada en el amor a Él y hoy la vemos expuesta al fuego, como dice Santa Faustina. La lucha es dura, el alma hace esfuerzos, persevera junto a Dios con un acto de voluntad. Con el permiso de Dios, Satanás sigue más adelante, la esperanza y el amor están puestos a prueba. Estas tentaciones son terribles, pero Dios sostiene al alma ocultamente. Ella no lo sabe, pero sin Él no podría resistir. Y Dios sabe lo que puede mandar al alma. Es tentada de incredulidad frente a todas las verdades reveladas por Dios. Todas estas pruebas son duras y difíciles. Dios no las da a un alma que anteriormente no haya sido admitida a una comunión más profunda con Él, y no haya disfrutado de las dulzuras del Señor y también Dios tiene en esto sus fines insondables para nosotros. Muchas veces Dios prepara así al alma para futuros designios y grandes obras. Y quiere probarla como oro puro. Dios está más cerca de esta alma sufriente, pero todo el secreto está precisamente en que ella no lo sabe. Pero éste no es todavía el fin de la prueba. Existe todavía la prueba de las pruebas, que es el sentir el rechazo total por parte de Dios.
         Y vamos a leer ahora de Santa Faustina esta prueba de las pruebas:
         Cuando el alma sale victoriosa de las pruebas anteriores, aunque quizás tropezando, pero sigue luchando y con profunda humildad clama al Señor: sálvame porque perezco, está todavía en condiciones de luchar.
Ahora una terrible oscuridad envuelve su alma. Ella está cerca de Dios pero está ciega. Deslumbrada por su luz, afirma que Él está ausente. Dentro de sí solamente ve pecados. Lo que siente es terrible. Se ve completamente abandonada de Dios. Siente como si fuera objeto de su odio y se encuentra al borde de la desesperación. Se defiende como puede, intenta despertar la confianza, pero la oración es para ella un tormento todavía mayor. Está colocada en un altísimo pico, que se encuentra sobre un precipicio.
El alma anhela fervientemente a Dios, pero se siente rechazada. Todos los tormentos y suplicios del mundo son nada en comparación con la sensación en la que se encuentra sumergida, es decir, el rechazo por parte de Dios. Nadie la puede aliviar. Ve que se encuentra sola, no tiene a nadie en su defensa. Levanta los ojos al cielo, pero sabe que no es para ella; todo está perdido. De una oscuridad cae en otra oscuridad aún mayor. Le parece que ha perdido a Dios para siempre, a ese Dios que tanto amaba. Este pensamiento le produce un tormento indescriptible.
Nadie puede iluminar tal alma si Dios quiere mantenerla en las tinieblas. De su corazón brotan gemidos dolorosos, tan dolorosos que ningún sacerdote los puede comprender si no lo ha pasado él mismo.
El alma padece sufrimientos por parte del espíritu maligno. Satanás se burla de ella. Ves, ¿seguirás siendo fiel? He aquí la recompensa, estás en nuestro poder. ¿Qué has ganado con mortificarte? ¿A qué todos estos esfuerzos? Eres rechazada por Dios.
Satanás tiene poder sobre aquella alma cuanto Dios permite. Dios sabe cuánto podemos resistir.
El alma ya no busca ayuda en ninguna parte, se encierra en sí misma y pierde de vista todo y es como si aceptara este tormento. Es la agonía del alma. Sumergida en la oscuridad, tiene hambre y sed de Dios. Muere de una muerte sin morir. Sus esfuerzos son nada, está bajo una mano poderosa. Se siente rechazada por la eternidad. Este es el momento supremo y solamente Dios puede someter un alma a tal prueba, porque sólo Él sabe que el alma es capaz de soportarla.
Esta alma está llamada a una gran santidad. El Señor la desea tener cerca de Sí. La quiere en lo alto del cielo.

         Santa Faustina habla de esta gran prueba porque ella la experimentó, hasta que interiormente el Señor le dijo: “No tengas miedo, hija mía, Yo estoy contigo”. En aquel mismo momento desaparecieron todas las tinieblas y todos los tormentos y su alma fue colmada de luz.
         Dice ella: Comparado con la realidad, es pálido todo lo que he escrito. No sé expresarlo, me parece que he vuelto del más allá. Me abrazo al Corazón de Dios como el recién nacido al pecho de su madre. Miro todo con ojos distintos. El recuerdo del martirio sufrido me da escalofríos. No hubiera creído que es posible sufrir tanto si yo misma no lo hubiera pasado. Es un sufrimiento totalmente espiritual.
Aunque todas estas cosas son espantosas, no obstante, ningún alma debería asustarse demasiado, porque Dios nunca da por encima de lo que podemos soportar. Y por otra parte, quizá nunca nos dé a nosotros suplicios semejantes y lo escribo porque si el Señor quiere llevar un alma a través de tales sufrimientos, que no tenga miedo, sino que sea fiel a Dios en todo lo que dependa de ella. Dios no hará daño al alma, porque es el Amor mismo y por este amor inconcebible la llamó a la existencia. Pero cuando yo me encontraba angustiada no lo comprendía.
Después de estos sufrimientos, el alma se encuentra en gran pureza de espíritu y en una gran cercanía con Dios.
Iluminada con la luz que viene de lo alto, conoce mejor lo que agrada a Dios. El alma tiene una profundidad abismal y se siente más fuerte y más resistente; ahora lucha con más valor, porque sabe que debe rendir cuenta de ello.
Todo el cielo queda admirado por el alma especialmente probada por Dios. Su belleza es grande porque fluye de Dios. Camina por la selva de la vida, herida por el amor divino. Toca la tierra con un solo pie.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

DIARIO DE SANTA FAUSTINA 8



DIARIO DE SANTA FAUSTINA 8

         Escribe esto, le dijo la Divina Misericordia: “Antes de venir como Juez Justo, vengo como el Rey de la Misericordia. Antes de que llegue el día de la justicia, les será dado a los hombres este signo en el cielo. Se apagará toda luz en el cielo y habrá una gran oscuridad en toda la tierra. Entonces, en el cielo aparecerá el signo de la cruz y de los orificios donde fueron clavadas las manos y los pies del Salvador, saldrán grandes luces que durante algún tiempo iluminarán la tierra. Eso sucederá poco tiempo antes del último día”.

         Santa Faustina le corresponde con esta oración:
Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, como Fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confío.
Jesús, Divino Prisionero del Amor, cuando considero tu amor y cómo te has anonadado por mí, mis sentidos desfallecen. Encubres tu majestad inconcebible y te humillas rebajándote a mí, un ser miserable. Oh Rey de la gloria, aunque ocultas tu hermosura, el ojo de mi alma desgarra el velo. Veo a los coros de ángeles que te honran incesantemente y a todas las potencias celestiales que te alaban sin cesar y que te dicen continuamente: Santo, Santo, Santo.
¿Quién comprenderá tu amor y tu misericordia hacia nosotros? Oh prisionero del amor, encierra mi pobre corazón en este tabernáculo para adorarte sin cesar día y noche. Aunque estoy físicamente lejos de Ti, mi corazón está siempre Contigo. Nada puede impedir mi amor hacia Ti. No existe ningún obstáculo para mí. Te consolaré por todas las ingratitudes, por las blasfemias, por la tibieza, por el odio de los impíos, por los sacrilegios. Deseo arder como víctima pura delante del trono de tu escondite.
No me dejaré arrebatar por el trabajo hasta el punto de olvidarme de Dios. Pasaré todos los momentos a los pies del Maestro.

         En otra ocasión, Jesús le dijo: “Deseo que esta imagen sea expuesta en público el primer domingo después de Pascua de Resurrección. Ese domingo es la Fiesta de la Misericordia. A través del Verbo Encarnado doy a conocer el abismo de mi Misericordia”.
         Sucedió tal y como el Señor lo había pedido: el primer acto de veneración a esta imagen por parte del público, tuvo lugar el primer domingo después de Pascua. Durante tres días, la imagen estuvo expuesta al público y recibió la veneración pública porque había sido colocada en Ostra Brama, en un ventanal, en lo alto, por eso se la veía desde muy lejos. Durante estos tres días, fue celebrada con solemnidad la clausura del Jubileo de la Redención del Mundo, el 19 Centenario de la Pasión del Salvador. Ahora veo que la obra de la Redención está ligada a la obra de la misericordia que reclama el Señor.

         Nos habla ahora Santa Faustina de la experiencia mística del conocimiento de Dios:
Al principio, Dios se hace conocer como santidad, justicia y bondad, es decir, misericordia. El alma no conoce todo esto a la vez, sino singularmente en relámpagos, es decir, en los acercamientos de Dios. Eso no dura mucho tiempo, porque no podría soportar esta luz. Durante la oración, el alma recibe un relámpago de esta luz, que le imposibilita orar como hasta entonces. Puede esforzarse cuanto quiera, y esforzarse a orar como antes, todo en vano, se hace absolutamente imposible continuar rezando como se rezaba antes de recibir esta luz. La luz que tocó al alma es viva en ella y nada la puede extinguir ni obscurecer. Este relámpago de conocimiento de Dios arrastra su alma y la incendia de amor hacia Él. Pero a la vez este mismo relámpago permite al alma conocer cómo es ella y ve todo su interior en una luz superior y se levanta horrorizada y asustada. Sin embargo, no permanece en aquel espanto, sino que empieza a purificarse y a humillarse y a postrarse ante el Señor y estas luces se hacen más fuertes y más frecuentes; cuanto más cristalina se hace el alma, tanto más penetrantes son estas luces. Sin embargo, si el alma ha respondido fiel y resueltamente a estas primeras gracias, Dios la llena con sus consuelos y se entrega a ella de modo sensible. Entonces el alma entra casi en relación de intimidad con Dios y se alegra enormemente; piensa que ya ha alcanzado el grado designado de perfección, ya que los errores y los defectos están dormidos en ella y piensa que ya no los tiene. Nada le parece difícil, está preparada para todo. Empieza a sumergirse en Dios y a disfrutar de las delicias de Dios. Es llevada por la gracia y no se da cuenta en absoluto de que puede llegar el momento de la prueba y de la lucha. Y en realidad, este estado no dura mucho tiempo. Llegarán otros momentos, pero debo mencionar que el alma responde con más fidelidad a la gracia de Dios si tiene un confesor experimentado a quien confía todo.

         Y ahora nos habla de las pruebas enviadas por Dios a un alma particularmente amada, de las tentaciones y oscuridades, de Satanás.
         El amor del alma no es todavía como Dios lo desea. De repente el alma pierde la presencia de Dios. Se manifiestan en ella distintas faltas y errores, con los cuales tiene que llevar a cabo una lucha encarnizada. Todos los errores levantan la cabeza, pero su vigilancia es grande. En el lugar de la anterior presencia de Dios, ha entrado la aspereza y la sequía espiritual, no encuentra satisfacción en los ejercicios espirituales, no puede rezar, ni como antes, ni como oraba ahora. Lucha por todas partes y no encuentra satisfacción. Dios se le ha escondido y ella no encuentra satisfacción en las criaturas y ninguna criatura sabe consolarla. El alma desea a Dios apasionadamente, pero ve su propia miseria, empieza a sentir la justicia de Dios. Ve como si hubiera perdido todos los dones de Dios, su mente está como nublada, la oscuridad envuelve toda su alma, empieza un tormento inconcebible. El alma se hunde en la inquietud. Satanás comienza su obra.