viernes, 9 de marzo de 2018

CUALIDADES DE UNA MADRE. DIARIO DE SANTA FAUSTINA 20

DIARIO DE SANTA FAUSTINA 20
CUALIDADES DE UNA MADRE
Gratitud por ser hija de la Iglesia:
Qué alegría ser una hija fiel de la Iglesia.  Oh, cuanto amo a la santa Iglesia y a todos quienes viven en ella.  Los miro como miembros vivos de Cristo, que es su Cabeza.  Me inflamo de amor con los que aman, sufro con los que sufren, el dolor me consume mirando a los tibios y a los ingratos; entonces procuro un amor tan grande hacia Dios que compense por aquellos que no lo aman, que alimentan a su Salvador con negra ingratitud.
Oh Dios mío, estoy consciente de mi misión en la santa Iglesia.  Mi empeño continuo es impetrar la misericordia para el mundo.  Me uno estrechamente a Jesús y me presento como víctima que implora por el mundo.  Dios no me rehusará nada cuando le suplico con la voz de Su Hijo.  Mi sacrificio es nada por sí mismo, pero cuando lo uno al sacrificio de Jesús, se hace omnipotente y tiene la fuerza para aplacar la ira divina.  Dios nos ama en Su Hijo, la dolorosa Pasión del Hijo de Dios es un continuo aplacamiento de la ira de Dios.
         Unión íntima con Cristo, especialmente en su Pasión:
Haz de mí, oh Jesús, una víctima agradable y pura delante del Rostro de Tu Padre.  Oh Jesús, transfórmame, miserable y pecadora, en Ti, ya que Tú lo puedes todo y entrégame a Tu Padre Eterno.  Deseo transformarme en la hostia expiatoria delante de Ti, pero en una hostia no consagrada delante de los hombres; deseo que la fragancia de mi sacrificio sea conocida sólo por Ti, Oh Dios Eterno, que arda en mí el fuego inextinguible de la súplica por Tu misericordia; siento y comprendo que ésta es mi tarea, aquí y en la eternidad.  Tú Mismo me has ordenado hablar de esta gran misericordia Tuya y de Tu bondad.
Oh Jesús, cuando vienes a mí en la Santa Comunión, Tú que Te has dignado morar con el Padre y el Espíritu Santo en el pequeño cielo de mi corazón, procuro acompañarte durante el día entero, no Te dejo solo ni un momento.  Aunque estoy en compañía de otras personas, mi corazón está siempre unido a Ti.  Cuando me duermo, te ofrezco cada latido de mi corazón, cuando me despierto, me sumerjo en Ti sin decir una palabra.  Al despertarme, adoro un momento la Santísima Trinidad y le agradezco por haberme ofrecido un día más y que una vez más vuelva a repetirse en mí el misterio de la Encarnación de Su Hijo, que una vez más delante de mis ojos vuelva a repetirse su dolorosa Pasión.  Trato entonces de facilitar a Jesús el paso a través de mí a otras almas.  Con Jesús voy a todas partes, su presencia me acompaña en todo momento.
En los sufrimientos del alma o del cuerpo trato de callar, porque entonces mi espíritu adquiere la fortaleza que viene de la Pasión de Jesús.  Delante de mis ojos tengo siempre su Rostro doloroso, insultado y desfigurado, su Corazón divino traspasado por nuestros pecados y especialmente por la ingratitud de las almas elegidas.
La Majestad de Dios me envuelve otra vez, me siento sumergida totalmente en Dios, toda sumergida y penetrada por Él, viendo cuánto el Padre Celestial nos ama.  Oh, qué gran felicidad llena mi alma por el conocimiento de Dios, de la vida de Dios.  Deseo compartir esta felicidad con todos los hombres, no puedo encerrar esta felicidad en mi corazón solamente, porque sus rayos me queman y hacen estallar mi pecho y mis entrañas.  Deseo atravesar el mundo entero y hablar a las almas de la gran misericordia de Dios.  Oh sacerdotes, ayúdenme en esto, usen las palabras más convincentes sobre su misericordia, porque toda expresión es muy débil para expresar lo misericordioso que es.
Importancia del silencio y del recogimiento:
El Espíritu Santo no habla a un alma distraída y charlatana, sino que, por medio de sus silenciosas inspiraciones, habla a un alma recogida, a un alma silenciosa.  Si se observara rigurosamente el silencio, no habría murmuraciones, amarguras, maledicencias, chismes, no sería tan maltratado el amor del prójimo, en una palabra, muchas faltas se evitarían.  Los labios callados son el oro puro y dan testimonio de la santidad interior.
Como es la Superiora en un convento, así debe ser una madre:
La Superiora debe distinguirse por la humildad y el amor hacia cada hermana, sin excepción alguna.  Que no se deje guiar por simpatía o por antipatía, sino por el espíritu de Cristo.  Debe saber que Dios le pedirá cuenta de cada hermana.  Que no diga sermones a las hermanas, sino que dé el ejemplo de una profunda humildad y el de negarse a sí misma, ésta será la enseñanza más eficaz para las que dependen de ella.  Que sea resuelta, pero nunca brusca; que tenga paciencia si la cansan con las mismas preguntas, aunque tenga que repetir cien veces la misma cosa, pero siempre con la misma calma.  Que trate de presentir todas las necesidades de las hermanas sin esperar que le pidan ésta u otra cosa, porque son diversas las naturalezas de las almas.  Si ve que alguna hermana está triste o doliente, trate de ayudarle de cualquier manera y de consolarla; que ruegue mucho y pida luz para saber cómo comportarse con cada una de ellas porque cada alma es un mundo diferente.  Dios tiene distintos modos para tratar con las almas que, a veces, para nosotros, son incomprensibles e inconcebibles, por eso la Superiora debe ser prudente para no impedir la actuación de Dios en ningún alma.  Que nunca amoneste a las hermanas cuando está nerviosa, además los reproches deben siempre ir acompañados por palabras de estímulo.  Hay que dar a conocer al alma su error para que lo reconozca, pero no se la debe desalentar.  La Superiora debe distinguirse por el amor activo a las hermanas, debe encargarse de todas las penas para aliviar a las hermanas; que no exija ningún servicio de las hermanas, que las respete como a las esposas de Jesús y que esté dispuesta a servirles tanto de día como de noche; debe más bien pedir que ordenar.  Que tenga el corazón abierto a los sufrimientos de las hermanas y que ella misma estudie y contemple fijamente el libro abierto, es decir, a Jesús Crucificado.  Que siempre pida con fervor la luz y, especialmente, cuando tenga que arreglar algo de importancia con alguna hermana.  Procure una profunda unión a Dios y Dios gobernará a  través de ella. 


sábado, 3 de marzo de 2018

LA PASIÓN. DIARIO DE SANTA FAUSTINA 19


DIARIO DE SANTA FAUSTINA 19
LA PASIÓN
Al venir a la adoración, en seguida me envolvió un recogimiento interior y vi al Señor Jesús atado a una columna, despojado de las vestiduras y en seguida empezó la flagelación.  Vi a cuatro hombres que por turno azotaban al Señor con disciplinas.  Mi corazón dejaba de latir al ver esos tormentos.  Luego el Señor me dijo estas palabras: Estoy sufriendo un dolor aun mayor del que estás viendo.  Y Jesús me dio a conocer por cuales pecados se sometió a la flagelación, que son los pecados de la impureza.  Oh, cuanto sufrió Jesús moralmente al someterse a la flagelación.  Entonces Jesús me dijo: Mira y ve el género humano en el estado actual.  En un momento vi cosas terribles. Los verdugos se alejaron de Jesús, y otros hombres se acercaron para flagelarle: tomaron los látigos y azotaban al Señor sin piedad.  Eran sacerdotes, religiosos y religiosas y máximos dignatarios de la Iglesia, lo que me sorprendió mucho; eran laicos de diversa edad y condición, todos descargaban su ira en el inocente Jesús.  Al verlo mi corazón se hundió en una especie de agonía; y mientras los verdugos lo flagelaban, Jesús callaba y miraba a lo lejos, pero cuando lo flagelaban aquellas almas que he mencionado arriba, Jesús cerró los ojos y un gemido silencioso pero terriblemente doloroso salió de su Corazón.  Y el Señor me dio a conocer detalladamente el peso de la maldad de aquellas almas ingratas: ¿Ves?, he aquí un suplicio mayor que Mi muerte.  Entonces mis labios callaron y empecé a sentir en mí la agonía y sentía que nadie me consolaría ni me sacaría de ese estado sino Aquel que a eso me había llevado.  Entonces el Señor me dijo: Veo el dolor sincero de tu corazón que ha dado un inmenso alivio a Mi Corazón, mira y consuélate.

Cuando me sumerjo en la Pasión del Señor, a menudo en la adoración veo al Señor Jesús bajo este aspecto: después de la flagelación los verdugos tomaron al Señor y le quitaron su propia túnica que ya se había pegado a las llagas y mientras le despojaban de ella, volvieron a abrirse sus llagas.  Luego vistieron al Señor con un manto rojo, sucio y despedazado sobre las llagas abiertas.  El manto llegaba a las rodillas.  Mandaron al Señor sentarse en un pedazo de madero y entonces trenzaron una corona de espinas y ciñeron con ella su Sagrada Cabeza; pusieron una caña en su mano, y se burlaban de Él homenajeándolo como a un rey.  Le escupían en la Cara y otros tomaban la caña y le pegaban en la Cabeza; otros le producían dolor a puñetazos, y otros le tapaban la Cara y le golpeaban con los puños.  Jesús lo soportaba silenciosamente.  ¿Quién puede entender su dolor?  Jesús tenía su mirada hacia el suelo.  Sentí lo que sucedía entonces en el dulcísimo Corazón de Jesús.  Que cada alma medite lo que Jesús sufría en aquel momento.  Competían en insultar al Señor.  Yo pensaba de dónde podía proceder tanta maldad en el hombre.  La provoca el pecado.  Se encontraron el Amor y el pecado.

Entonces vi a Jesús clavado en la cruz.  Después de estar Jesús colgado en ella un momento, vi toda una multitud de almas crucificadas como Jesús.  Vi la tercera muchedumbre de almas y la segunda de ellas.  La segunda infinidad de almas no estaba clavada en la cruz, sino que las almas sostenían fuertemente la cruz en la mano; mientras tanto la tercera multitud de almas no estaba clavada ni sostenía la cruz fuertemente, sino que esas almas arrastraban la cruz detrás de sí y estaban descontentas.  Entonces Jesús me dijo: ¿Ves, esas almas que se parecen a Mí en el sufrimiento y en el desprecio?, también se parecerán a Mí en la gloria; y aquellas que menos se asemejan a Mí en el sufrimiento y en el desprecio, serán menos semejantes a Mí también en la gloria.

Muchas veces durante la Santa Misa veo al Señor en mi alma, siento su presencia que me invade por completo.  Siento su mirada divina, hablo mucho con Él sin decir una sola palabra.  Conozco lo que desea su Corazón Divino y siempre hago lo que Él prefiere.  Lo amo hasta la locura y siento que soy amada por Dios.  En los momentos en que me encuentro con Dios en la profundidad de mis entrañas, me siento tan feliz que no sé expresarlo.  Estos momentos son cortos, porque el alma no los podría soportar más tiempo, pues debería producirse la separación del cuerpo.  Aunque estos momentos son muy cortos, no obstante el poder que pasa al alma permanece muchísimo tiempo.  Sin el menor esfuerzo siento un profundo recogimiento que entonces me envuelve y que no disminuye a pesar de que converso con la gente, ni me molesta en el cumplimento de mis deberes.  Siento su constante presencia sin ningún esfuerzo del alma, siento que estoy unida a Dios tan estrechamente como una gota de agua con el océano sin fondo.

         En otra ocasión, habiendo sufrido físicamente los ataques del demonio, oí una voz:
Estás unida a Mí y no tengas miedo de nada, pero has de saber, niña Mía, que Satanás te odia; él odia a muchas almas, pero arde de un odio particular hacia ti, porque arrancaste a muchas almas de su poder.

         Sentí que vale la pena cualquier sufrimiento con tal de ganar almas para el Cielo.
Oh Dios mío, aun en los castigos con que hieres la tierra veo el abismo de Tu misericordia, porque castigándonos aquí en la tierra, nos liberas del castigo eterno.  Alégrense, todas las criaturas, porque están más cerca de Dios en su infinita misericordia que el niño recién nacido del corazón de su madre.  Oh Dios, que eres la Piedad misma para los más grandes pecadores arrepentidos sinceramente; cuanto más grande es el pecador, tanto mayor es el derecho que tiene a la Divina Misericordia.

viernes, 16 de febrero de 2018

EL LADO MÁS HUMANO DE SANTA FAUSTINA. DIARIO DE SANTA FAUSTINA 18


DIARIO DE SANTA FAUSTINA 18
EL LADO MÁS HUMANO DE SANTA FAUSTINA
Durante la renovación de nuestros votos vi al Señor Jesús con una túnica blanca y un cinturón de oro, y en la mano tenía una espada terrible.  Eso duró hasta el momento en que las hermanas comenzaron a renovar los votos.  Súbitamente vi una claridad inconcebible y delante de esa claridad una nube blanca en forma de balanza.  En aquel momento se acercó el Señor Jesús y puso la espada sobre uno de los platillos y éste con todo aquel peso, bajó hasta la tierra y faltó poco para que la tocara completamente.  Justo entonces las hermanas terminaron de renovar los votos.  De repente vi a los ángeles, que de cada una de las hermanas tomaron algo en un recipiente de oro, con forma como de un incensario.  Cuando lo recogieron de todas las hermanas y pusieron el recipiente en el segundo platillo, éste prevaleció sobre el primero, en el cual había sido puesta la espada.  En aquel momento, del incensario salió una llama que alcanzó la claridad.  En seguida oí una voz desde la claridad: Reponed la espada en su lugar, la ofrenda es mayor.  Entonces Jesús nos dio a todos una bendición y todo lo que yo veía desapareció.  Las hermanas empezaron a recibir la Santa Comunión y mi alma fue inundada de un gozo tan grande que no logro describirlo.
En esta visión de Faustina, una vez más alcanzamos a comprender el valor de nuestro ofrecimiento a Dios, de nuestro vivir cada día según su Voluntad, porque esto agrada mucho a Dios y le compensa por todo el mal que hay en el mundo y hace que prevalezca para todos su misericordia ante su justicia.

A continuación, con este relato, vamos a ver el lado más humano de Faustina:
Mi madre estaba gravemente enferma y ya cerca de la muerte, y me pidió visitarla porque deseaba verme una vez más antes de morir. En aquel momento se despertaron todos los sentimientos de mi corazón.  Como una niña que amaba sinceramente a su madre, deseaba ardientemente cumplir su deseo, pero deje a Dios la decisión y me abandoné plenamente a su voluntad; sin reparar en el dolor del corazón, seguía la voluntad de Dios.  En la mañana del día de mi cumpleaños, 15 de febrero, la Madre Superiora me entregó otra carta de mi familia y me dio el permiso de ir a la casa familiar para cumplir el deseo y la petición de mi madre moribunda.  En seguida empecé a prepararme para el viaje y ya al anochecer salí de Vilna.  Toda la noche la ofrecí por mi madre gravemente enferma, para que Dios le concediera la gracia de que los sufrimientos que estaba pasando no perdieran nada de su mérito.
Durante el viaje tuve una compañía muy agradable, ya que en el mismo compartimento viajaban algunas señoras pertenecientes a una asociación religiosa Mariana. Sentí que una de ellas sufría mucho y que en su alma se desarrollaba una lucha encarnizada.  Comencé a rezar mentalmente por ella.  A las once las demás señoras pasaron al otro compartimento para conversar, mientras nosotras nos quedábamos solas.  Sentía que mi plegaria había provocado en ella una lucha aún mayor.  Yo no la consolaba sino que rezaba con más ardor.  Por fin, esa alma se dirigió a mí y me pidió que le dijera si ella tenía la obligación de cumplir cierta promesa hecha a Dios.  En aquel momento conocí dentro de mí qué promesa era y le contesté: Usted está absolutamente obligada a cumplir esta promesa, porque de lo contrario será infeliz durante toda su vida.  Este pensamiento no la dejará en paz.  Sorprendida de esa respuesta reveló delante de mi toda su alma.
Era una maestra, que antes de examinarse hizo a Dios la promesa de que si aprobaba los exámenes se dedicaría al servicio de Dios, es decir, entraría en un convento.  Pero después de aprobar muy bien los exámenes se había dejado llevar por el torbellino del mundo y no quería entrar en el convento y la conciencia no le dejaba en paz, y a pesar de las distracciones se sentía siempre descontenta.
Tras una larga conversación, esa persona se fue completamente cambiada y dijo que inmediatamente emprendería gestiones para ser recibida en un convento.  Me pidió que rogara por ella; sentí que Dios no le escatimaría sus gracias.

Por la mañana llegué a Varsovia, y a las 8 de la noche ya estaba en casa.  Es difícil describir la alegría de mis padres y de toda la familia.  Mi madre mejoró un poco, pero el médico no daba ninguna esperanza para su restablecimiento completo.  Después de saludarnos, nos arrodillamos todos para agradecer a Dios por la gracia de podernos ver todos una vez más en la vida.
Al ver cómo rezaba mi padre me avergoncé mucho, porque yo después de tantos años en el convento, no sabía rezar con tanta sinceridad y tanto ardor.  No dejo de agradecer a Dios por los padres que tengo.
Cómo ha cambiado todo en estos 10 años, todo es desconocido:  el jardín era tan pequeño y ahora es irreconocible, mis hermanos y hermanas eran todavía pequeños y ahora no los reconozco, todos mayores…
Stasio me acompañaba a la iglesia todos los días.  Sentía que aquella querida alma era muy agradable a Dios.  El ultimo día, cuando ya no había nadie en la iglesia, fui con él delante del Santísimo Sacramento y rezamos juntos el Te Deum.  Tras un instante de silencio ofrecí esta querida alma al dulcísimo Corazón de Jesús.  ¡Cuánto pude rezar en esta iglesia!  Recordé todas las gracias que en este lugar había recibido y que en aquel tiempo no comprendía y a menudo abusaba de ellas; y me sorprendí yo misma de cómo había podido ser tan ciega.  Mientras reflexionaba y lamentaba mi ceguera, de repente vi al Señor Jesús resplandeciente de una belleza inexpresable que me dijo con benevolencia: Oh elegida Mía, te colmaré con gracias aún mayores para que seas testigo de Mi infinita misericordia por toda la eternidad.
Aquellos días en casa se me pasaron entre mucha compañía porque todos querían verme y decirme algunas palabras.  Muchas veces conté hasta 25 personas.  Les interesaban mis relatos sobre la vida de los santos.  Me imaginaba que nuestra casa era una verdadera casa de Dios, porque cada noche se hablaba en ella solo de Dios.  Cuando, cansada de relatar y deseosa de la soledad y del silencio, me apartaba por la noche al jardín para poder hablar con Dios a solas, ni siquiera conseguía esto, ya que venían en seguida mis hermanos y me llevaban a casa y tenía que seguir hablando, con todos los ojos clavados en mí.  Pero logré encontrar el modo de tomar aliento: pedí a mis hermanos que cantasen para mí, porque tenían bellas voces y además uno tacaba el violín y otro la mandolina, y así en ese tiempo podía dedicarme a la oración interior sin evitar su compañía.
Me costó mucho el tener que besar a los niños.  Venían las vecinas con sus niños y me pedían que los tomara al menos un momento en brazos y les diera un beso.  Consideraban eso como un gran favor y para mí era una ocasión para ejercitarme en la virtud, porque más de uno estaba bastante sucio, pero para vencerme y no mostrar aversión, a aquellos niños sucios les daba dos besos.  Una vecina trajo a su niño enfermo de los ojos, los cuales estaban llenos de pus y me dijo: Hermana, tómalo en brazos un momento.  La naturaleza sentía aversión, pero sin reparar en nada, tomé en brazos y besé dos veces los purulentos ojos del niño y pedí a Dios por la mejoría.  Tuve muchas ocasiones para ejercitarme en la virtud.  Escuché a todos que me contaban sus quejas y advertí que no había corazones alegres, porque no había corazones que amaran sinceramente a Dios, y no me sorprendía nada.
Me afligí mucho de que no pudiera ver a dos de mis hermanas.  Sentí interiormente en qué gran peligro se encontraban sus almas.  El dolor estrechó mi corazón sólo al pensar en ellas.  Una vez, al sentirme muy cerca de Dios, pedí ardientemente al Señor la gracia para ellas y el Señor me contestó: Les concedo, no solamente las gracias necesarias, sino también las gracias particulares.  Comprendí que el Señor las llamaría a una más estrecha unión Consigo.  Me alegro enormemente de que en nuestra familia reine el amor tan grande.

Cuando me despedí de mis padres y les pedí su bendición, sentí el poder de la gracia de Dios que fluyó sobre mi alma.  Mi padre, mi madre y mi madrina, entre lágrimas, me bendijeron y me pidieron que no olvidara nunca las numerosas gracias que Dios me había concedido llamándome a la vida consagrada.  Pidieron mis oraciones. A pesar de que lloraban todos, yo no derramé ni una sola lagrimita; traté de ser valiente y los consolé a todos como pude, recordándoles el cielo y que allí no habría más separaciones.  Stasio me acompaño al automóvil; le dije cuánto Dios ama a las almas puras; le aseguré que Dios estaba contento con él.  Mientras le hablaba de la bondad de Dios y de cómo Dios piensa en nosotros, se puso a llorar como un niño pequeño y yo no me sorprendí porque es un alma pura, pues conoce a Dios fácilmente.

Cuando me subí al coche, desahogué mi corazón y también me puse a llorar de alegría como una niña, porque Dios concedía tantas gracias a mi familia y me sumergí en una oración de agradecimiento.

REVELACION DE SU MISERICORDIA. DIARIO DE SANTA FAUSTINA 17


DIARIO DE SANTA FAUSTINA 17
REVELACION DE SU MISERICORDIA
Mi Corazón está colmado de gran misericordia para las almas y especialmente para los pobres pecadores. Si pudieran comprender que Yo soy para ellas el mejor Padre, que para ellas de Mi Corazón ha brotado Sangre y Agua como de una fuente desbordante de misericordia; para ellas vivo en el tabernáculo. Como Rey de Misericordia deseo colmar a las almas de gracias, pero no quieren aceptarlas.  Por lo menos tú ven a Mí lo más a menudo posible y toma estas gracias que ellas no quieren aceptar y con esto consolaras Mi Corazón.  Qué grande es la indiferencia de las almas ante tanta bondad, ante tantas pruebas de amor!. Mi Corazón es recompensado solamente con ingratitud, con olvido por parte de las almas que viven en el mundo.  Tienen tiempo para todo, menos para venir a Mí a recibir las gracias
Me dirijo a vosotras, almas elegidas, ¿tampoco vosotras entendeis el amor de Mi Corazón?  No encuentro el abandono total en Mi amor.  Tantas reservas, tanta desconfianza, tanta precaución… Para consolarte te diré que hay almas que viven en el mundo que Me quieren sinceramente, en sus corazones permanezco con delicia, pero son pocas.  También en los conventos hay almas que llenan de alegría Mi Corazón.  En ellas están grabados Mis rasgos y por eso el Padre Celestial las mira con una complacencia especial.  Ellas serán la maravilla de los Ángeles y de los hombres.  Su número es muy pequeño, ellas constituyen una defensa ante la Justicia del Padre Celestial e imploran la misericordia por el mundo.  El amor y el sacrificio de estas almas sostienen la existencia del mundo.  Lo que más dolorosamente hiere Mi Corazón es la infidelidad del alma elegida por mí especialmente; esas infidelidades son como espadas que traspasan Mi Corazón.

Nadie puede negar que Dios es infinitamente misericordioso; Él desea que todos lo sepan. Antes de volver como Juez, desea que las almas lo conozcan como Rey de Misericordia.  Cuando venga este triunfo, nosotros estaremos ya en la nueva vida, en la que no hay sufrimientos, pero antes el alma será saturada de amargura, su sufrimiento será real.  ¿Cuándo sucederá esto? no sé; ¿Cuánto tiempo durara? No sé.
Pero Dios prometió una gran gracia, especialmente a ti y a todos que proclamen esta gran misericordia Mía.  Yo Mismo los defenderé en la hora de la muerte como Mi gloria, aunque los pecados de sus almas sean negros como la noche; cuando un pecador se dirige a Mi misericordia me rinde la mayor gloria y es un honor para Mi Pasión.  Cuando un alma exalta Mi bondad, entonces Satanás tiembla y huye al fondo mismo del infierno.
Con las almas que recurran a Mi misericordia y con las almas que glorifiquen y proclamen Mi gran misericordia a los demás, en la hora de la muerte Me comportaré según Mi infinita misericordia.
Mi Corazón sufre a causa de que ni las almas elegidas entienden lo grande que es Mi misericordia; en su relación conmigo, en cierto modo hay desconfianza.  Cuánto hiere esto mi Corazón.  Recordad Mi Pasión, y si no creéis en Mis palabras, creed al menos en Mis llagas.

Siento que Dios me permitirá levantar el velo para que la tierra no dude de su bondad.  Dios no está sujeto a eclipses ni a cambios, queda por la eternidad Uno y siempre Él Mismo; a su voluntad nada puede oponerse.  Siento en mí una fuerza sobrehumana, siento el arrojo y la fortaleza debidas a la gracia que vive en mí.  Comprendo a las almas que sufren, porque experimenté en mí este fuego.  Sin embargo Dios no da sufrimientos por encima de las fuerzas.  A menudo he vivido con la esperanza contra la esperanza, y he empujado mi esperanza hasta la total confianza en Dios.  Que se haga conmigo lo que ha establecido desde la eternidad.

Estas son unas máximas que escribe Santa Faustina en su Diario:
Sería muy impropio que una hermana religiosa buscar alivio en el sufrimiento.

El amor debe ser recíproco.  Como el Señor Jesús ha bebido por mí toda la amargura, entonces yo, su esposa, para dar prueba de mi amor hacia Él, aceptaré todas las amarguras.

Quien sabe perdonar, se prepara a recibir muchas gracias de parte de Dios.  Siempre que mire la cruz, perdonaré sinceramente.

Dios ofrece las gracias de dos maneras: a través de las inspiraciones y de las iluminaciones.  Si pedimos una gracia, Dios la da, pero debemos querer aceptarla; y para aceptarla es necesaria la abnegación.

El amor no consiste en las palabras ni en los sentimientos, sino en la acción.  Es un acto de la voluntad. La inteligencia, la voluntad y el corazón, debemos ejercitar estas tres facultades durante la oración.

Resucitaré en Jesús, pero primero tengo que vivir en Él.  Si no me separo de la cruz, entonces se manifestara en mí el Evangelio.  Todas mis deficiencias las completa en mi Jesús, su gracia que obra sin cesar.  Las Tres personas divinas viven en mí.  Si Dios ama, lo hace con todo su Ser, con todo el poder de su ser.  Si Dios me ha amado así, ¿cómo debo corresponder a esto yo?

domingo, 28 de enero de 2018

EXPERIENCIA DE LA MUERTE. DIARIO DE SANNTA FAUSTINA 16


DIARIO DE SANTA FAUSTINA 16
EXPERIENCIA DE LA MUERTE

A veces, después de la Santa Comunión, siento la presencia de Dios de un modo particular, sensible.  Siento que Dios está en mi corazón.  Y el hecho de sentir a Dios en el alma, no me impide en absoluto cumplir mis tareas; aún cuando realizo los más importantes asuntos que requieren atención, no pierdo la presencia de Dios en el alma y quedo estrechamente unida a Él.  Con Él voy al trabajo, con Él voy al recreo, con Él sufro, con Él gozo, vivo en Él y Él en mí.  No estoy nunca sola, ya que Él es mi compañero permanente.  Siento su presencia en cada momento.  Nuestra familiaridad es estrecha a causa de la unión de la sangre y de la vida.
La adoración nocturna del jueves la hice por la conversión de los pecadores empedernidos y especialmente por los que han perdido la esperanza en la Divina Misericordia.  Meditaba sobre lo mucho que Dios sufrió y lo grande que es el amor que nos mostró, y nosotros no creemos que Dios nos ama tanto.  Oh Jesús, ¿quién lo comprenderá?  ¡Qué dolor para nuestro Salvador!  Y ¿Cómo puede convencernos de su amor si su muerte no llega a convencernos?  Invité a todo el cielo a que se uniera a mí para compensar al Señor la ingratitud de ciertas almas.
Jesús me enseñó cuánto le agrada la plegaria reparadora; me dijo:  La plegaria de un alma humilde y amante aplaca la ira de Mi Padre y atrae un mar de bendiciones.  Después de la adoración, a medio camino hacia mi celda, fui cercada por una gran jauría de perros negros, enormes, que saltaban y aullaban con la intención de desgarrarme en pedazos.  Me di cuenta de que no eran perros sino demonios.  Uno de ellos dijo con rabia:  Como esta noche nos has arrebatado muchas almas, nosotros te desgarraremos en pedazos.  Contesté: Si tal es la voluntad de Dios misericordiosísimo, desgarradme  en pedazos, porque me lo he merecido justamente siendo la más miserable entre los pecadores y Dios es siempre santo, justo e infinitamente misericordioso.  A estas palabras, los demonios todos juntos contestaron: Huyamos, porque no está sola, sino que el Todopoderoso está con ella.  Y desaparecieron del camino como polvo, como rumor, mientras yo tranquila, terminando el Te Deum, iba a la celda contemplando la infinita e insondable misericordia Divina.
De repente sufrí un desmayo con un gran sufrimiento preagónico.  No era la muerte, es decir el pasaje a la verdadera vida, sino una muestra de los sufrimientos de la misma muerte.  La muerte es espantosa a pesar de darnos la vida eterna.  De repente me sentí mal, la falta de respiración, la oscuridad delante de los ojos, la sensación del debilitamiento de los miembros…, este sofocamiento es atroz y un instante así es infinitamente largo… A pesar de la confianza, viene también un extraño miedo.  Deseé recibir los últimos Sacramentos.  Sin embargo la Confesión me resultó muy difícil a pesar del deseo de recibirla.  Uno no sabe lo que dice; comienza a decir una cosa, deja la otra sin terminar...  Oh, que Dios preserve a cada alma de aplazar la confesión a la última hora!.  Conocí el gran poder de las palabras del sacerdote que descienden sobre el alma del enfermo.  Cuando pregunté al Padre espiritual si estaba preparada para presentarme delante de Dios y si podía estar tranquila, recibí la respuesta: Puedes estar completamente tranquila, no solamente ahora, sino después de cada confesión semanal.  La gracia de Dios que acompaña estas palabras del sacerdote es grande.  El alma siente la fortaleza y el arrojo para la lucha.
Mis sufrimientos los uní a los sufrimientos de Jesús y los ofrecí por mí y por la conversión de las almas que no confían en la bondad de Dios.  De repente mi celda se llenó de figuras negras, llenas de furia y de odio hacia mí.  Una de ellas dijo: Maldita tú y Aquel que está en ti, porque ya empiezas a atormentarnos en el infierno.  En cuanto pronuncié: Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, en seguida esas figuras desaparecieron ruidosamente.
Entonces dije a Jesús:  Jesús, pensé que me ibas a llevar.  Y Él me contestó:  Aun no se ha cumplido plenamente Mi voluntad en ti; te quedaras todavía en la tierra, pero no mucho tiempo.  Me agrada mucho tu confianza, pero el amor ha de ser más ardiente.  El amor puro da fuerza al alma en la agonía misma.  Cuando agonizaba en la cruz, no pensaba en Mí, sino en los pobres pecadores y rogaba al Padre por ellos.  Quiero que también tus últimos momentos sean completamente semejantes a los Míos en la cruz.  Hay un solo precio con el cual se compran las almas, y éste es el sufrimiento unido a Mi sufrimiento en la cruz.  El amor puro comprende estas palabras, el amor carnal no las comprenderá nunca.
El sufrimiento es el tesoro más grande que hay en la tierra, purifica al alma. El amor verdadero se mide con el termómetro del sufrimiento.
Oh Jesús, Te doy las gracias por las pequeñas cruces cotidianas, por las contrariedades con las que tropiezan mis propósitos, por el peso de la vida comunitaria, por la mala interpretación de mis intenciones, por las humillaciones por parte de los demás, por el comportamiento áspero frente a mí, por las sospechas injustas, por mi salud débil y por el agotamiento de las fuerzas,  por el anonadamiento de mi propio yo, por la falta de reconocimiento en todo, por los impedimentos hechos a todos mis planes.
Te doy las gracias, Jesús, por los sufrimientos interiores, por la aridez del espíritu, por los miedos, los temores y las dudas, por las tinieblas y la densa oscuridad interior, por las tentaciones y las distintas pruebas, por las angustias que son difíciles de expresar y especialmente por aquellas en las que nadie nos comprende, por la hora de la muerte, por el duro combate durante ella, por toda la amargura que pueda sufrir.
Te agradezco, Jesús, porque has bebido el cáliz de la amargura antes de dármelo endulzado.  Heme aquí que he acercado los labios a este cáliz de Tu santa voluntad; hágase de mi según Tu voluntad, que se haga de mi lo que Tu sabiduría estableció desde la eternidad.   En ti, oh Señor, todo lo que da Tu Corazón paternal es bueno; no pongo las consolaciones por encima de las amarguras, ni las amarguras por encima de las consolaciones, sino que Te lo agradezco todo, oh Jesús.  Mi deleite consiste en contemplarte, oh Dios Inconcebible. Conozco bien la morada de mi Esposo.  Siento que en mí no hay ni una gota de sangre que no arda de amor hacia Ti.

sábado, 20 de enero de 2018

MISERICORDIA Y SUFRIMIENTO. DIARIO DE SANTA FAUSTINA 15


DIARIO DE SANTA FAUSTINA 15
MISERICORDIA Y SUFRIMIENTO

Oh Amor Eterno, deseo que Te conozcan todas las almas que has creado.  Desearía hacerme sacerdote, para hablar incesantemente de Tu misericordia a las almas pecadoras hundidas en la desesperación.  Desearía ser misionero y llevar la luz de la fe a los países salvajes y darte a conocer a las almas y morir en el martirio, sacrificada por ellas como Tú has muerto por mí y por ellas.  Oh Jesús, sé perfectamente que puedo ser sacerdote, misionero y predicador, puedo morir en el martirio anonadándome totalmente y negándome a mí misma por el amor hacia Ti, Jesús, y hacia las almas inmortales.  Un gran amor sabe transformar las cosas pequeñas en cosas grandes y solamente el amor da valor a nuestras acciones; y cuánto más puro se hace nuestro amor, tanto menos tendrá por destruir en nosotros el fuego del sufrimiento, y el sufrimiento dejará de serlo para nosotros.  Se convertirá en un gozo.  Con la gracia de Dios he recibido ahora esta disposición del corazón, de que nunca estoy tan feliz como cuando sufro por Jesús, al que amo con cada latido del corazón.
Cuando sufrimos mucho, tenemos una gran oportunidad de demostrarle a Dios que lo amamos, mientras que cuando sufrimos poco, tenemos poca posibilidad de demostrar a Dios nuestro amor y cuando no sufrimos nada, entonces nuestro amor no es grande ni puro.  Con la gracia de Dios podemos llegar al punto en que el sufrimiento se transformará para nosotros en gozo, puesto que el amor sabe hacer tales cosas en las almas puras.

El Jueves Santo, Jesús me dijo:  Deseo que te ofrezcas como víctima por los pecadores y, especialmente, por las almas que han perdido la esperanza en la Divina Misericordia.

Acto de ofrecimiento:
Ante el cielo y la tierra, ante todos los coros de los ángeles, ante la Santísima Virgen María, ante todas las Potencias Celestes declaro a Dios, Uno y Trino, que hoy en unión con Jesucristo, Redentor de las almas, me ofrezco voluntariamente como víctima por la conversión de los pecadores y especialmente por las almas que han perdido la esperanza en la Divina Misericordia.  Este ofrecimiento consiste en que acepto con total sumisión la Voluntad de Dios, todos los sufrimientos y temores, y los miedos que llenan a los pecadores y a cambio les cedo todas las consolaciones que tengo en el alma, que provienen de mi comunión con Dios.  En una palabra, les ofrezco todo: las Santas Misas, las Santas Comuniones, las penitencias, las mortificaciones, las plegarias.  No temo los golpes, los golpes de la Justicia de Dios, porque estoy unida a Jesús.  Oh Dios mío, con esto deseo compensarte por las almas que no confían en Tu bondad.  Contra toda esperanza confío en el mar de Tu misericordia.  Oh Señor y Dios mío, no pronuncio este acto de ofrecimiento basándome en mis propias fuerzas, sino en el poder que deriva de los méritos de Jesucristo.  Este acto de ofrecimiento lo repetiré todos los días con la siguiente plegaria que Tú Mismo me enseñaste, oh Jesús: Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, como Fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confío.

La Divina Misericordia le respondió: Te doy una pequeña parte en la Redención del género humano.  Tú eres el alivio en el momento de Mi Agonía.
Y hablándole del cuadro le explicó: Los dos rayos significan la Sangre y el Agua.  El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas.  El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas.
Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza.
Estos rayos protegen a las almas de la indignación de Mi Padre.  Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios.  Deseo que el primer domingo después de la Pascua de Resurrección sea la Fiesta de la Misericordia.

Pide a Mi siervo fiel que en aquel día hable al mundo entero de esta gran misericordia Mía; que quien se acerque ese día a la Fuente de Vida, recibirá el perdón total de las culpas y de las penas.
La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia.
Oh, cuánto Me hiere la desconfianza del alma. Hay almas que reconocen que soy santo y justo, pero no creen que Yo soy la Misericordia, no confían en Mi bondad.  También los demonios admiran Mi justicia, pero no creen en Mi bondad.
Mi Corazón se alegra de este título de misericordia.
Proclama que la misericordia es el atributo más grande de Dios.  Todas las obras de Mis manos están coronadas por la misericordia.

Una vez, cuando estaba en el taller de aquel pintor que pintaba esta imagen, vi que no era tan bella como es Jesús.  Me afligí mucho por eso, sin embargo lo oculté profundamente en mi corazón.  Cuando salimos del taller del pintor, la Madre Superiora  se quedó en la ciudad para solucionar diferentes asuntos y yo volví sola a casa.  En seguida fui a la capilla y lloré muchísimo.  ¿Quién te pintará tan bello como Tú eres?  Como respuesta oí estas palabras: No en la belleza del color, ni en la del pincel está la grandeza de esta imagen, sino en Mi gracia

Una vez me visitó la Virgen Santísima.  Estaba triste con los ojos clavados en el suelo; me dio a entender que tenía algo que decirme, pero por otra parte me daba a conocer como que no quisiera decírmelo.  Al darme cuenta de ello, empecé a pedir a la Virgen que me lo dijera y que volviera la mirada hacia mí.  En un momento María me miró sonriendo cordialmente y dijo: Vas a padecer ciertos sufrimientos a causa de una enfermedad y de los médicos, además padecerás muchos sufrimientos por esta imagen, pero no tengas miedo de nada.  Al día siguiente me puse enferma y sufrí mucho, tal y como me lo había dicho la Virgen, pero mi alma está preparada para los sufrimientos.  El sufrimiento es el compañero permanente de mi vida.

lunes, 15 de enero de 2018

EL AMOR A DIOS Y EL AMOR DE DIOS. DIARIO DE SANTA FAUSTINA 14

DIARIO DE SANTA FAUSTINA 14
EL AMOR A DIOS Y EL AMOR DE DIOS

            Dios me dio a conocer en qué consiste el verdadero amor y me concedió la luz para entender cómo demostrárselo en la práctica.  El verdadero amor a Dios consiste en cumplir la voluntad de Dios.  Para demostrar a Dios el amor en la práctica, es necesario que todas nuestras acciones, aun las más pequeñas, deriven del amor hacia Dios.  Y me dijo el Señor: Niña Mía, más que nada Me agradas a través del sufrimiento.  En tus sufrimientos físicos, y también morales, hija Mía, no busques compasión de las criaturas.  Deseo que la fragancia de tus sufrimientos sea pura, sin ninguna mezcla.  Exijo que te distancies no solamente de las criaturas, sino también de ti misma.  Hija Mía, quiero deleitarme con el amor de tu corazón: amor puro, virginal, intacto, sin ninguna sombra. Cuanto más ames el sufrimiento, tanto más puro será tu amor hacia Mí.
Mi Corazón ha sido conmovido por una gran compasión hacia ti, hija Mía queridísima, cuando te he visto hecha pedazos por el gran dolor que sufrías mientras deplorabas tus pecados.  Yo veo tu amor tan puro y sincero que te doy la prioridad entre las vírgenes, tú eres el honor y la gloria de Mi Pasión.  Veo cada humillación de tu alma y nada se escapa a Mi atención; elevo a los humildes hasta Mi trono, porque así es Mi voluntad.
Compórtate como un mendigo que cuando recibe una limosna grande no la rehúsa, sino que más bien la agradece con más cordialidad; así tú también, si te concedo unas gracias más grandes, no las rehúses diciendo que eres indigna.  Yo lo sé; pero tú más bien alégrate y goza, y toma tantos tesoros de Mi Corazón cuantos puedas llevar, ya que haciéndolo así Me agradas más.  Te diré algo más: no tomes estas gracias solamente para ti, sino también para el prójimo, es decir invita a las almas con las cuales estás en contacto a confiar en Mi misericordia infinita. Cuánto amo a las almas que se Me han confiado totalmente, haré todo por ellas.
          Una vez vine a mi celda y estaba tan cansada que antes de comenzar a desvestirme tuve que descansar un momento, y cuando estaba desvestida, una de las hermanas me pidió que le trajera un vaso de agua caliente.  A pesar del cansancio, me vestí rápidamente y le traje el agua que deseaba, aunque de la cocina a la celda había un buen trecho de camino y el barro llegaba a los tobillos.  Al entrar en mi celda vi un copón con el Santísimo Sacramento y oí esta voz: Toma este copón y llévalo al tabernáculo.   En un primer momento vacilé, pero me acerqué y cuando toqué el copón, oí estas palabras: Con el mismo amor con que te acercas a Mí, acércate a cada una de las hermanas y todo lo que haces por ellas Me lo haces a Mí. 
            Siento muy bien que mi misión no terminará con mi muerte, sino que empezará.  Oh almas que dudan, les descorreré las cortinas del cielo para convencerlas de la bondad de Dios, para que ya no hirieran más el Dulcísimo Corazón de Jesús con desconfianza.  Dios es Amor y Misericordia.
Oh Dios único en la Santísima Trinidad, deseo amarte como hasta ahora ningún alma humana Te ha amado; y aunque soy particularmente mísera y pequeña, no obstante arrojo muy profundamente el ancla de mi confianza en el abismo de Tu misericordia, oh Dios y Creador mío.  A pesar de mi gran miseria no tengo miedo de nada, sino que espero cantar eternamente el himno de la gloria.  Que no dude alma ninguna mientras viva, aunque sea la más miserable, cada una puede ser una gran santa, porque es grande el poder de la gracia de Dios.  De nosotros depende solamente no oponernos a la actuación de Dios.
No hago ningún razonamiento en la vida interior, no analizo ninguno de los caminos por los que me lleva el Espíritu Divino; me basta con saber que soy amada y que yo amo.  El amor puro me permite conocer a Dios y comprender muchos misterios.

Oh Jesús, ojalá pudiera transformarme en una neblina delante de Ti para cubrir la tierra, con el fin de que Tu santa mirada no viera los terribles crímenes. Cuando miro el mundo y su indiferencia hacia Ti, siempre me vienen lágrimas a los ojos, pero cuando miro un alma consagrada que es tibia, entonces mi corazón sangra.
          Una vez, cuando hacía la adoración por nuestra patria, un dolor estrechó mi alma y empecé a orar del modo siguiente:  Jesús Misericordiosísimo, Te pido por la intercesión de Tus Santos y, especialmente, por la intercesión de Tu Amadísima Madre que Te crió desde la niñez, que bendigas a mi patria.  Jesús, no mires nuestros pecados, sino las lágrimas de los niños pequeños, el hambre y el frío que sufren.  Jesús, en nombre de estos inocentes, concédeme la gracia que Te pido para mi patria.  En aquel instante vi al Señor Jesús con los ojos llenos de lágrimas y me dijo: Ves, hija Mía, cuánta compasión les tengo!; debes saber que son ellos los que sostienen el mundo.
En cierta ocasión conocí a una persona que pensaba cometer un pecado grave.  Pedí al Señor que me enviara los peores tormentos, para que aquella alma fuera preservada. De repente sentí en la cabeza el atroz dolor de la corona de espinas.  Eso no duró bastante tiempo, pero sirvió para que aquella persona permaneciera en la gracia de Dios.  Oh Jesús, que fácil es santificarse; es necesario solamente un poco de buena voluntad.  Si Jesús descubre en el alma ese poquito de buena voluntad, entonces se apresura a entregarse al alma y nada puede detenerlo, ni los errores, ni las caídas, nada en absoluto.  Jesús tiene prisa por ayudar a esa alma, y si el alma es fiel a esta gracia de Dios, entonces en muy poco tiempo puede llegar a la máxima santidad a la que una criatura puede llegar aquí en la tierra.  Dios es muy generoso y no rehúsa a nadie su gracia, da más de lo que nosotros le pedimos.  La fidelidad en el cumplimiento de las inspiraciones del Espíritu Santo es el camino más corto.